1.4. El ejército y la Iglesia
El ejército fue un pilar esencial sobre el que se asentaron el Estado libe ral y todo el sistema social y político promovido por el liberalismo moderado. Fue el garante del nuevo orden establecido, encargado de reprimir con dureza las insurrecciones populares y de proyectar como cuerpo, o al menos su escalafón superior, los valores propios de la nueva sociedad burguesa: nacionalismo y capitalismo.
En los períodos de paz, el ejército español estuvo formado por unos 150000 miembros, de los cuales una tercera parte eran militares profesionales y el resto, mozos movilizados anualmente mediante el sistema de quintas. En su conjunto, un número excesivo en relación con el volumen total de la población, por lo que resultaba una institución muy costosa desde el punto de vista económico. Obviamente, la cantidad de militares se incrementó de manera notable en épocas de conflicto. En estas circunstancias, eran frecuentes las protestas de las clases bajas por la movilización forzosa a la que se veían sometidas
Como se ha visto con anterioridad, grandes generales del ejército tomaron parte activa en los asuntos políticos. También el cuerpo de ingenieros desarrolló una importante labor en el terreno civil, especialmente en el diseño y la construcción de infraestructuras públicas.
por su parte, la Iglesia católica mantuvo los enfrentamientos Con el Estado durante todo el siglo xx debido a los proyectos de ibs. con no desamortizar sus tierras, suprimir Órdenes religiosas y eran te el monopolio que ejercía en el campo educativo desde la época medieval.
Todas estas medidas menguaron la relevancia económica de la Iglesia. aunque siguió desempeñando un fuerte papel de control social, en sintonía con los valores del sistema burgués. De este modo, sirvió ideológicamente al Estado para transmitir al pueblo principios como la paciencia, la contención, la sobriedad o la docilidad, en un contexto sociopolítico en el que las desigualdades entre clases se hacían cada vez más evidentes y se empezaba a articular una respuesta popular por medio del movimiento obrero.
La doctrina social de la Iglesia, nacida en la segunda mitad del siglo xx e impulsada por el papa León XIII a partir de 1891 con la publicación de la encíclica Rerum Novarum, llegó tímidamente a España. Lo hizo de la mano de figuras aisladas, como el padre Antonio Vicent en las archidiócesis de Valencia y Tarragona, en las que se fomentó la creación de círculos obreros. Estas eran entidades de carácter sindical, educativo y asistencial que trataban de contrarrestar la influencia entre los obreros de ideologías más progresistas y reivindicativas, como el socialismo, el anarquismo o el republicanismo.
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